Periódico de alumnas de 2ºC-A de Grado de Educación Infantil

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La mitad de los niños españoles estudia con internet o la tele encendida (artículo de opinión)

 

Un estudio reciente realizado con alumnos de primaria demuestra que el 29% de los alumnos menores de 8 y 12 años no entienden bien las explicaciones del profesor, tienen dificultades de comprensión y problemas de concentración. Además estos niños/as estudian en la cocina o en el cuarto de estar, en vez de en su habitación, y acompañados de gente que habla; también suelen estar conectados a Internet, tiene la televisión encendida o escucha música mientras estudian.

Los niños/as y los jóvenes de ahora están extremadamente expuestos a estimulos que le dificltan que puedan concentrarse tranquilamente en una sola actividad, por ello quizás no logren entender bien las explicaciones de los profesores. Pero a esto debemos sumar que los lugares de estudio no son lo más apropiados y que estudian rodeados de ruido que impiden que se concentren todo lo que deben.

Los alumnos que existen hoy en día en las aulas deben aprender y adquirir unos habitos de estudio saludables que les ayuden a mejorar su rendimiento escolar y así desarrollar unas habilidades que no pueden adqurir con el uso del internet o la televisón mientras estudian. Deben aprender a sobrevir sin tener tantos estímulos a su alrededor que impiden que realicen una actividad sabiendo lo que hacen, es decir, concentrados en ella; en vez de hacerla de manera automática. Sin ser conscientes de lo que están haciendo porque están pendientes de un montón de cosas a la vez.

Deberíamos empezar a enseñar a estos niños/as a utilizar los medios de comunicación, como la televisión o internet, con fines educativos y no como herramientas de distracción que influyan de manera negativa en su rendimiento escolar.

Violetas de Nuez

¡Hola a todos y a todas! aquí os dejo una receta fácil de hacer  y en poco tiempo. Espero que os guste.

Ingredientes para 70 ó 80 porciones:

1 paquete de 190 gramos de galletas María
1 lata de leche condensada
300 gramos de nuez limpia
1/2 taza de azúcar glass
7 pliegos de papel de china morado

Preparación:

Despedaza y muele poco a poco las galletas junto con las nueces picadas en la licuadora o en el metate.
Mezcla en un recipiente las galletas y las nueces molidas junto con la leche condensada. Forma bolitas con la masa.
Revuélcalas en el azúcar glass.
Déjalas secar sobre una tabla. Si después de 2 horas las bolitas se han aplanado vuélvelas a formar.
Corta cuadros de papel de 17 x 17 cm. Dóblalos en 4 y córtalos en forma de pétalos.
Envuelve cada una de las bolitas en un cuadro de papel y tuérce las puntas.

Cuentos Politicamente Correctos

 

Erase una vez una joven llamada Cenicienta cuya madre natural había muerto siendo ella muy niña. Pocos años después, su padre había contraído matrimonio con una viuda que tenía dos hijas mayores. La madre política de Cenicienta la trataba con notable crueldad, y sus hermanas políticas le hacían la vida sumamente dura, como si en ella tuvieran a una empleada personal sin derecho a salario.
Un día, les llegó una invitación. El príncipe proyectaba celebrar un baile de disfraces para conmemorar la explotación a la que sometía a los desposeídos y al campesinado marginal. A las hermanas políticas de Cenicienta les emocionó considerablemente verse invitadas a palacio, y comenzaron a planificar los costosos atavíos que habrían de emplear para alterar y esclavizar sus imágenes corporales naturales con vistas a emular modelos irreales de belleza femenina. (Especialmente irreales en su caso, dado que desde el punto de vista estético se hallaban lo bastante limitadas como para parar un tren.) La madre política de Cenicienta también planeaba asistir al baile, por lo que Cenicienta se vio obligada a trabajar como un perro (metáfora tan apropiada como desafortunadamente denigratoria de la especie canina).
Cuando llegó el día del baile. Cenicienta ayudó a su madre y hermanas políticas a ponerse sus vestidos. Se trataba de una tarea formidable: era como intentar apelmazar cuatro kilos y medio de carne animal no humana en un pellejo con capacidad para contener apenas la mitad. A continuación, vino la colosal intensificación cosmética, proceso que resulta preferible no describir aquí en absoluto. Al caer la tarde, la madre y hermanas políticas de Cenicienta la dejaron sola con órdenes de concluir sus labores caseras. Cenicienta se sintió apenada, pero se contentó con la idea de poder escuchar sus discos de canción protesta.
Súbitamente, surgió un destello de luz y Cenicienta pudo ver frente a ella a un hombre ataviado con holgadas prendas de algodón y un sombrero de ala ancha. Al principio, pensó que se trataba de un abogado del Sur o de un director de banda, pero el recién llegado no tardó en sacarla de su error.
-Hola, Cenicienta, soy el responsable de tu padrinazgo en el reino de las hadas o, si lo prefieres, tu representante sobrenatural privado. ¿Así que deseas asistir al baile, no es cierto? ¿Y ceñirte, con ello, al concepto masculino de belleza? ¿Apretujarte en un estrecho vestido que no hará sino cortarte la circulación? ¿Embutir los pies en unos zapatos de tacón alto que echarán a perder tu estructura ósea? ¿Pintarte el rostro con cosméticos y productos químicos de efectos previamente ensayados en animales no humanos? -Oh, sí, ya lo creo -repuso ella al instante. Su representante sobrenatural dejó escapar un profundo suspiro y decidió aplazar la educación política de la joven para otro día. Recurriendo a su magia, la envolvió de una hermosa y brillante luz y la transportó hasta el palacio.
Frente a sus puertas, podía verse aquella noche una interminable hilera de carruajes: aparentemente, a nadie se le había ocurrido compartir su vehículo con otras personas. Y llegó Cenicienta en un pesado carruaje dorado que arrastraba con enorme esfuerzo un tiro de esclavos equinos. La joven iba vestida con una ajustada túnica fabricada con seda arrebatada a inocentes gusanos, y llevaba los cabellos adornados con perlas producto del saqueo de laboriosas ostras indefensas. Y en los pies, por arriesgado que ello pueda parecer, llevaba unos zapatos labrados en fino cristal.
Al entrar Cenicienta en el salón de baile, todas las cabezas se volvieron hacia ella. Los hombres admiraron y codiciaron a aquella mujer que tan perfectamente había sabido satisfacer la estética de muñeca Barbie que unos y otros aplicaban a su concepto de atractivo femenino. Las mujeres, por su parte, adiestradas desde su más tierna edad en el desprecio de sus propios cuerpos, contemplaron a Cenicienta con envidia y rencor. Ni siquiera su propia madre y hermanas políticas, consumidas por los celos, fueron capaces de reconocerla.
Cenicienta no tardó en captar la mirada errante del príncipe, quien se encontraba en aquel momento ocupado discutiendo acerca de torneos y peleas de osos con sus amigóles. Al verla, el príncipe se sintió temporalmente incapaz de hablar con la misma libertad que la generalidad de la población. «He aquí -pensó-, una mujer a la que podría convertir en mi princesa e impregnar con la progenie de mis perfectos genes, lo que me convertiría en la envidia del resto de los príncipes en varios kilómetros a la redonda. ¡Y encima es rubia!»
El príncipe se dispuso a atravesar el salón de baile en dirección a su presa. Sus amigos siguieron sus pasos en pos de Cenicienta, y todos aquellos varones presentes en la sala que contaban menos de setenta años de edad y no estaban ocupados sirviendo copas hicieron lo propio.


Cenicienta, orgullosa de la conmoción que estaba causando, avanzaba con la cabeza alta, adoptando el porte propio de una mujer de elevada condición social. Pronto, sin embargo, resultó evidente que dicha conmoción se estaba convirtiendo en algo desagradable o, al menos, susceptible de producir disfunción social.
El príncipe había declarado de modo inequívoco a sus amigos que tenía intención de «poseer» a aquella Joven mujer. Su determinación, no obstante, había Irritado a sus compañeros, ya que también ellos la codiciaban y pretendían poseerla. Los hombres comenzaron a gritarse y empujarse unos a otros. El mejor amigo del príncipe, un duque tan robusto como cerebralmente constreñido, le detuvo a medio camino de la pista de baile e insistió en que él sería quien consiguiera a Cenicienta. La respuesta del príncipe consistió en un rápido puntapié en la Ingle, lo que dejó al duque temporalmente inactivo. El príncipe, sin embargo, se vio inmovilizado por otros varones sexualmente enloquecidos y desapareció bajo una montaña de animales humanos.
Las mujeres contemplaban la escena, espantadas ante aquella depravada exhibición de testosterona, pero, por más que lo intentaron, se vieron incapaces de separar a los combatientes. A sus ojos, parecía que no era otra que Cenicienta la causa del problema,
por lo que la rodearon dando muestras de una nada fraternal hostilidad. Ella trató de escapar, pero sus incómodos zapatos de cristal lo hacían casi imposible. Afortunadamente para ella, ninguna de sus rivales había acudido mejor calzada.
El estruendo creció hasta el punto de que nadie oyó que el reloj de la torre estaba dando las doce. Al sonar la última campanada, la hermosa túnica y los zapatos de Cenicienta se esfumaron y la joven se vio nuevamente ataviada con sus viejos harapos de campesina. Su madre y hermanas políticas la reconocieron de Inmediato, pero guardaron silencio para evitar una situación embarazosa.
Ante aquella mágica transformación, todas las mujeres enmudecieron. Liberada del estorbo de su túnica y de sus zapatos, Cenicienta suspiró, se estiró y se rascó los costados. A continuación, sonrió, cerró los ojos y dijo:
-Y ahora, hermanas, podéis matarme si así lo deseáis, pero al menos moriré contenta.
Las mujeres que la rodeaban volvieron a experimentar una sensación de envidia, pero esta vez enfocaron la situación desde una perspectiva diferente: en lugar de perseguir venganza, comenzaron desprenderse de los corpiños, corsés, zapatos y demás prendas que las limitaban. Inmediatamente, empezaron a bailar a saltar y a gritar de alegría, pues se sentían al fin cómodas con su prendas interiores y sus pies descalzos.
De haber distraído los varones la mirada de su machista orgía de destrucción, habrían podido ver a numerosas mujeres ataviadas tal y como normalmente acuden al tocador. Sin embargo, no cesaron de golpearse, aporrearse, patearse y arañarse hasta perecer todos, desde el primero hasta el último.
Las mujeres chasquearon los labios, sin experimentar remordimiento alguno. El palacio y el reino habían pasado a ser suyos. Su primer acto oficial consistió en vestir a los hombres con sus propios vestidos y afirmar ante los medios de comunicación que los disturbios habían surgido cuando algunas personas amenazaron con revelar la tendencia del príncipe y de sus amigos al travestismo. El segundo fue fundar una cooperativa textil destinada únicamente a la producción de prendas femeninas confortables y prácticas. A continuación, colgaron un cartel en el castillo anunciando la venta de CeniPrendas (pues así se denominaba la nueva línea de vestido) y, gracias a su actitud emprendedora y a sus hábiles sistemas de comercialización, todas -incluidas la madre y hermanas políticas de Cenicienta- vivieron felices para siempre.

James Finn Garner “Cuentos infantiles políticamente correctos”. Circe, bna,1998.

Murciélagos

Aprovechando que se acerca la fiesta de Halloween, aquí os proponemos una manualidad que puede serviros para crear un ambiente un tanto espeluznante. Se trata de hacer unos murciélagos que podéis utilizar para decorar las paredes, es una actividad fácil de hacer y para la que no se requiere mucho tiempo ni materiales.

Los niños/as también podrán hacer murciélagos, pues solamente deberán cortar y pegar los bichitos en las paredes y de esa forma generarán una decoración de Halloween fantástica.

Materiales:

Cartulinas

Tijeras

Cinta adhesiva

Paso a paso:

Descarga la plantilla del murciélago en el siguiente enlace.

http://www.countryliving.com/cm/countryliving/data/bat.pdf

Imprime la plantilla del murciélago y recórtala.

Pliega el murciélago por la mitad, al igual que el trozo de cartulina.

Coloca la forma sobre el papel ydibujála.

Quita la plantilla y recorta la forma para que te quede simétrica. De esta forma ya tienes un murciélago y sólo debes repetir el procedimiento para hacer muchos murciélagos para decorar en Halloween.

Sólo resta agregarles a los murciélagos un trocito de cinta adhesiva y pegarlos en las paredes.

En la noche de Halloween se verán realmente espeluznantes…

¡ANÍMATE Y CREA!

Hola a todos los ciberlectores, en esta sección podréis encontrar muchas manualidades para realizar con los niños en el aula, de manera sencilla y económica, yque sean accesibles para cualquier persona. 

Aquí os damos numerosas ideas para poner en práctica en el aula, por ejemplo para realizar regalos para el día del padre o de la madre, entre otras muchas actividades.

Pero no sólo conoceréis un montón de actividades, también os daremos algunas técnicas para realizarlas de manera que intentaremos aumentar las posibilidades de creatividad e incentivar la imaginación.

¿Estáis preparados? Ahora sólo os queda empezar a pringaros las manos, así que animaros a crear y experimentar con los materiales.

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