Periódico de alumnas de 2ºC-A de Grado de Educación Infantil

Al comienzo del curso escolar 2010/2011 ocurrió un suceso que me llevó bastantes días reflexionando. Esta es una buena manera de compartirlo con todos/as ustedes.

Patricia, un familiar cercano a mí, tuvo serios problemas a la hora del ingreso en el centro escolar que le llevaron a estar varios meses sin poder asistir al instituto, ya que éste no cumplía con los recursos adecuados a su discapacidad, la espina bífida, que es una malformación congénita, que surge en el embarazo y le anula las funciones de los miembros inferiores del cuerpo.

Al realizar la matriculación, sus padres ya informaron de su problema, por lo que el centro debería haber tomado medidas para que no se produjese ninguna alteración al inicio de curso. Tras varios días de intento, hablando con el equipo directivo y personal responsable, no ponían ninguna solución a ello. Tuvieron que pasar a manos de otros organismos para hacerse oír, llamaron a la radio explicando su caso y emitieron una entrevista de su maestra de apoyo del centro al que anteriormente acudía. Tras la entrevista en la radio, se solucionó el problema ya que parece ser que vivimos en un mundo guiado, entre otras cosas, por la “buena fama” y el prestigio.

¿Es necesario llegar hasta estos extremos para que una niña con discapacidad pueda tener una enseñanza igualitaria al resto de alumnos/as? ¿Se han eliminado todas las barreras a las discapacidades en los centros educativos?

La respuesta a ambas preguntas es “NO”, lo primero porque es un derecho que todos los niños/as gocen de una educación igualitaria y digna; en segundo lugar, muchos de los centros educativos no están capacitados para acoger a una niña con estas características, somos todos iguales pero la sociedad es la que hace la diferencia.

Todos sabemos que hay tiempos de crisis y que en numerosos trabajos están reduciendo la plantilla de trabajadores. Según el grado de discapacidad, algunos de estos niños/as necesitan un sondeo cada tres horas para poder expulsar su orina y en muchos centros no cuentan con el personal suficiente, en su caso, es el ATS del centro de salud más cercano el que lleva a cabo este trabajo y en muchas ocasiones no cumplen con el horario a seguir, cuando debería ser y estar capacitado el propio monitor de apoyo para realizarlo.

Quería haceros partícipes de la dificultad añadida que pueden tener los niños discapacitados en los centros educativos y que este caso real os hiciera pensar sobre las barreras que la mayoría de la población le interponemos en sus caminos.

Espero que como buenos futuros docentes, este tipo de problemas no lleguen a producirse y si ocurriesen, tengan pronta solución para que afecte lo menos posible a la escolarización del alumno/a.

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